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El Sr. Obispo presentó la reciente exhortación apostólica del Papa Francisco, Evangelii Gaudium, en el Convento de la Madre de Dios de Coria, a un grupo de unas noventa personas, entre religiosas, vecinos de Coria y sacerdotes de la ciudad, en la que propone cómo debe ser la evangelización en nuestro tiempo; en este documento, nos viene a decir el Papa, Pastor que huele a ovejas, que hemos de anunciar la Buena Noticia con alegría. El texto lo presenta dividido en cinco capítulos y una introducción.
En la introducción, ante el riesgo del mundo actual, el individualismo, hemos de presentar la Buena Nueva del Evangelio como un bien, que tiende a comunicarse; hay que hacerlo con cara de alegría y extenderlo a todos los hombres, pues todos tenemos derecho a recibir el evangelio.
El primer capítulo, habla de la transformación misionera de la Iglesia: El Papa quiere una Iglesia que salga a los caminos, que trate de resolver los problemas de los pobres; estos no pueden esperar. Que sea una Iglesia capaz de transformarlo todo; que no tengamos miedo de revisarnos. El Papa prefiere a una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle.
En el capítulo dos, tenemos que decir “No” a una economía de exclusión y a tantas otras negativas que causan mal a la sociedad. No tratemos de reducir a la Iglesia al ámbito de lo privado. El Papa se queja del pecado de algunos miembros de la Iglesia, pero, a pesar de todo, ésta, es una comunidad de pecadores. Reivindica los legítimos derechos de la mujer dentro de la Iglesia: debe estar metida en todo, menos en el orden sacerdotal.
En el capítulo tercero dice que el ser Iglesia es ser pueblo de Dios; dice cómo tiene que ser la homilía; no puede ser un espectáculo entretenido; no la quedemos en la queja, en el lamento. Ésta es el anuncio del mensaje salvífico.
El capítulo cuarto habla de la importancia que tiene la evangelización en la vida social; habla de la necesidad de resolver los problemas de los pobres; de la defensa de la vida. La Iglesia no puede retener el progreso de la ciencia; si esta es auténtica, no puede estar en contra de Dios.
En un último capítulo, muestra la alegría que produce la evangelización. Ésta, con espíritu, es distinta a un conjunto de tareas con obligación; cuando convertimos el cristianismo en carga es triste. Si hemos conocido a Jesucristo, todo es alegría.
El documento termina haciendo una alusión a la Virgen Santísima como la estrella de la Nueva Evangelización.
Román Fernández Martín
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