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El día 23 de septiembre el Señor nos sorprendió con la partida de nuestra Hermana María del Carmen Feijoó-Montenegro Prado, Misionera del Divino Maestro.
Había llegado a nuestra comunidad a finales de agosto, cargada de ilusión por la evangelización, sobre todo, en la vida ascendente y visita a los enfermos.
Toda su vida la había dedicado a los niños, en la escuela y en la catequesis, a los que transmitía de forma vivencial, su profundo amor por Jesús.
Ahora, en su jubilación, asumió con gozo la misión de colaborar en la comunidad de Moraleja, a la que se entregó con alegría y dedicación plena, de forma que, en los pocos días que estuvo entre nosotros, dejó una huella imborrable de servicio, humildad, entrega y cercanía.
Damos gracias a Dios por el don de su vida y por la gracia que hemos tenido todos, las hermanas Misioneras del Divino Maestro y las personas que han podido relacionarse con ella, de poder compartir sus últimos días.
Misioneras del Divino Maestro.
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