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La Diócesis de Coria-Cáceres viajó a Polonia como las gentes de todas las naciones del mundo, rendida a recorrer la tierra del Papa polaco, Beato Juan Pablo II.
Desde esa atalaya privilegiada centro europea, quise relatar lo vivido durante estos ochos días de peregrinación -del 4 al 11 de julio- presidida por nuestro guía y mentor el Sr obispo D. Francisco Cerro Chaves. No cabe ninguna duda: Polonia es una nación pujante pero con una poderosa emigración. Sus retos y su convivencia son los mismos que los de todos los grandes países europeos.
No se trata, ni fue el motivo de esta peregrinación, describir ni analizar la situación geoestratégica de esta hermosa tierra que, últimamente, se ve visitada por innumerables peregrinos de todo el mundo ataviados con los colores de sus países, dando a la nación un aire de catolicidad pujante.
Con banderas vaticanas compartiéndolas con las albicelestes, los tendederos polacos atraen la atención del peregrino. Convive en Polonia en una armonía alegre, bullanguera y amable que rezuma por los cuatro puntos cardinales a cristiandad, beatificación y santidad de su queridísimo Juan Pablo II, dejando huellas imborrables para creyentes y no creyentes.
Se nos presentaba así, desde la salida de la capital cacereña, una experiencia más rumbo a lo desconocido. Teníamos por delante un viaje lleno de sorpresas y esperanzas por sentir, «beber» y participar de todo lo que nos legó el gran Papa Beato Juan Pablo II, en su tierra natal.
Esta peregrinación está fuera de lo que entendemos, hasta hoy, rutas clásicas: Jacobea, Roma, Marinas o Tierra Santa. Tiene una connotación distintiva: seguir las huellas de un Santo de nuestro tiempo. Recorrer las ciudades y lugares más emblemáticos, entre otras: Czestochowa, con el santuario donde se encuentra la imagen de la Virgen María, la llamada «La Madonna Negra»; Wadowice, ciudad natal del Beato Juan Pablo II y la parroquia donde fue bautizado. ¡Qué vivencias celebrar allí la Santa Misa por nuestro querido Sr. obispo D. Francisco Cerro Chaves!, lugar privilegiado para un peregrino y recorrer el itinerario de su nacimiento, infancia y juventud.
Otros lugares más señalados como el Santuario de Cawari Zebrzydowska, entre los más visitados por los católicos. Auschwitz-Birkenau. Fue una sorpresa para todos. Recuerdos indelebles del ya excampo de concentración y de exterminio nazista. Vivimos aquí sentimientos de tristeza, angustia, abatimiento e incluso pesimismo.
Y qué decir de Cracovia. En su catedral, iglesias y parte de la ciudad antigua, donde confluyen los estilos románicos, gótico, renacentista y barroco. Su pieza con el mercado más grande de Europa. El Santuario de la Divina Misericordia, donde se celebró la Eucaristía para los peregrinos. Así fueron transcurriendo los días, sin faltar el viaje en balsa sobre el río Dunajec, guiados por hombres expertos de la montaña; así como los lugares de Santa Faustyna Kowalska y el Padre Kolbe.
Estuvimos en Varsovia. Inscrita en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Qué mejor y mayor reconocimiento para una ciudad por todo lo que conlleva en su arte, diseña, abierta al mundo y señorial. Todo nos sabía a poco, despidiéndonos de ella con la celebración de la Santa Misa.
No quisiera finalizar estas impresiones sin poner de manifiesto que estas peregrinaciones, no sólo son encomiables, sino, muy necesarias, porque despiertan, a veces, la vida adormecida interior, el compañerismo, la colaboración y la potenciación de la amistad, engrandeciendo los méritos y las cualidades de los demás.
La peregrinación fue alimentada cada día con la oración y vivida en la Eucaristía. Nuestro mentor y guía el Sr. obispo D. Francisco Cerro Chaves, estuvo pendiente de todos y en todo. Por obvio que parezca decirlo, es un hombre de fe, entregado y sencillo a la vez. Basta escucharle en sus homilías y reflexiones. Recojo el sentir de los compañeros peregrinos: «Es un placer, un lujo oírle». Ha sido un verdadero compañero del camino en esa bendita tierra del Beato Juan Pablo II.
Todo salió como estaba programado. Gracias a todos. Felices vacaciones veraniegas y que este recuerdo perdure en el tiempo.
Andrés Bote Bonilla
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