Después de tantas experiencias de gracia vividas en estos meses -la peregrinación a Guadalupe, el Voluntariado en la Casa de la Misericordia, los Ejercicios Espirituales en el Santuario de la Virgen de la Montaña…-nos parecía importante vivir unidos los días más grandes de nuestra fe, la Pascua del Señor.
Para ello hicimos un grupo de WhatsApp con invitación a través de enlace y cada día hemos ofrecido, a los más de treinta participantes del grupo, una reflexión en audio o video hecha por miembros del equipo.
El Jueves Santo todos pudieron escribir su pequeño comentario de lectio divina al Evangelio del Lavatorio. El Viernes Santo se hizo el viacrucis componiendo 14 jóvenes una estación en audio, acompañando a Cristo y a tantos hermanos que sufren en su Pasión. El Sábado Santo cinco jóvenes comentaron los misterios de Rosario, uniéndonos a la soledad y esperanza de la Virgen y el Domingo de Pascua nos felicitamos la Resurrección del Señor.
¡Cristo vive y te quiere vivo!
Las circunstancias no lo han permitido de otra forma. La Pandemia que sufrimos no ha dejado que en nuestras calles a tono de trombón, tambor y clarinete, paseen las imágenes a las que estamos acostumbrados. Era una oportunidad para vivir una Semana Santa diferente. Yo mismo el domingo de Ramos felicite el inicio de la misma un poco apenado, por no poder hacer lo que me era habitual en los años anteriores. Sin embargo, con el paso de los días me di cuenta de todo lo contrario, estaba viviendo una Semana Santa mucho más cercana a Cristo, a su Pasión y a su gran sacrificio por nosotros.
En medio de todo este proceso, una mañana me levante y un buen amigo mío (sacerdote como no podía ser de otra manera) me invitaba a un grupo WhatsApp donde cada día reflexionábamos el evangelio, lo comentábamos, rezábamos el rosario, lo meditábamos, el via crucis.. Y demás actividades que sin duda hicieron mucho bien a mi experiencia, haciendo que me levantase con alegría y con ganas de saber, como compartiríamos nuestra fe en ese día.
Acabada la misma, me di cuenta de que me había acercado más a Dios. Había entendido mejor los misterios de su Pasión, y el dolor que los clavos Le produjeron por amor a nosotros.
Infinitas gracias te damos, Dios mío, por habernos dejado vivir esta experiencia de una forma más real y más cercana a Ti. Danos la gracia de no olvidarnos nunca de esto, y de volver siempre a Ti, cada día. Gracias por tu muerte en la Cruz por nosotros Señor y gracias por dejarnos comprender hasta dónde llega tu amor por los hombres.
Carlos García Moreno