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Un año más, la imagen de la Virgen de Valdefuentes estuvo en la iglesia parroquial de nuestro pueblo, Montehermoso, en el pasado mes de septiembre. Subió el sábado día uno y la despedimos la tarde del domingo día 23. Muchos la acompañamos en la procesión. Muchos nos acercamos a ella para rezar, pedir su protección, amparo y bendición. La rodeamos de muestras de cariño, con canticos y flores.
La contemplaba como quien lleva a su divino Hijo en el regazo y le pedía que en él nos acogiera a todos los hijos de este bendito pueblo, que la aclama como Madre de Cristo y del buen consejo, como hermosa y fuerte torre, como trono de la sabiduría y puerta del cielo, como estrella de la mañana y salud de los enfermos, como reina de los santos y de la paz; y nos socorriera en nuestras necesidades, sobre todo, a los niños, jóvenes, matrimonios, enfermos, mayores, parados…
El sábado día 15, nuestro obispo, don Francisco Cerro, presidió la Eucaristía vespertina y nos acompañó en la procesión que tuvimos a continuación. Al ver la iglesia tan llena nos hablaba de la capacidad de convocatoria que tiene la Virgen y Madre de Valdefuentes. “¿Por qué? —se preguntaba el obispo, y respondía— Si alguien no se siente hoy decepcionado de un amor, es del amor de una madre. Todos estamos ya decepcionados de casi todo, de amores, amigos, herma-nos, esposa, novia, vecino, de la iglesia, de un cura… Existe un amor que a muy pocos ha decepcionado, el amor de una madre. Es un amor sacrificado. Nos quiere como somos.”
Quiero agradecer el trabajo tan hermoso y bien hecho de las mayordomas durante todos los días que la Virgen estuvo entre nosotros. Y a las cuadrillas y amas de casa por su aportación económica. Gracias.
Luis-Vidal Arias Moreno. Párroco
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